Alone. In the dark. The Struggle Within
Episodio 2: La lucha interior

Un intenso aullido reverberó en lo más profundo de sus entrañas. Lo sabía, sabía que no podía acallarlo por más tiempo y sin embargo sus manos volaban sobre el teclado.
Un poco más,  se repetía, solo un poco más. Una espasmo de dolor hizo que se encogiera pero aún así no quería soltar la presa. El Silbador se había despertado de su latargo y su sed era infinita. Era necesario actuar rápido.
Escribió los últimos comandos y la puerta se abrió. Un mundo desconocido y a la vez tan igual a los otros se abrió ante sus ojos. Los aullidos en su interior se hacían más estridentes, ululantes, hasta terminar en una carcajada enfermiza. Quedaba muy poco. Envió el troyano a través de la conexión recién abierta y esperó.

Al otro lado de la extensa red de cables, sentado en su escritorio y explorando la net, la víctima no sabía lo que le aguardaba. Sin embargo intuyó que algo andaba mal, cuando apareció esa gran pantalla plagada de caracteres extraños, que parecían escritos en árabe o algo por el estilo. Lo único que entendía era la palabra "Aceptar" impresa en  botón gris, debajo de todo ese extraño texto. Y él (pobrecillo) aceptó. Luego seguiría navegando, pero ya no sería el mismo. Algo le había sido arrebatado y no lo sabría hasta la hora de sus muerte, muchos años después.

El vampiro recibió el impacto al tiempo que la víctima hacía click con el botón del mouse sobre el botón. Sintió que su estómago se encogía nuevamente y una inmesa luz negra cegaba sus ojos, pero los alaridos se fueron acallando hasta convertirse en un sonido gutural que pronto acabaría. Lo había coseguido: otra alma para su colección. Más comida para el Silbador. Sosiego para callar al maldito demonio que reposaba en su interior.
Ahora tenía algo parecido a lo que los mortales llamaban paz. Pero sabía que no duraría. El Flautista Ciego volvería a despertar, el demonio de los mil nombres tendría sed otra vez, y él se vería obligado a buscar otra víctima inocente. En realidad no le importaba el alma inmortal de esas personas, pero sí le molestaba tener que perder tiempo haciendo de perro de caza al Cthulhu, y más aún cuando la batalla final estaba tan cerca. Ese maldito parásito le estaba restando fuerzas. Y tiempo.

Y ahora se encontraba aquí, en la Cuna, el planeta Tierra, el planeta de origen, buscando un libro que contenía la fórmula para librarse del Devorador de Dimensiones. Necronomicón, un libro escrito hacía miles de años por un árabe loco, poseído por alguno de los Angeles Rebeldes, que contenía hechizos y sortilegios útiles para los mortales. Y uno especialmente útil para él.
Pero había algo más. El encuentro con su hermano y peor enemigo, que después de la guerra de Yogsoggoth partió en busca de la fuerza necesaria para enfrentar la batalla final. Spawn, el general de las fuerzas infernales y él, Kriminal, el señor de la oscuridad deberían enfrentarse en el Armagedon. Y faltaba poco.
Pero había que hallar el Necronomicón para liberarse y esperar a Spawn con la fuerza suficiente y la oscuridad necesaria.

Si Spawn no lo encontraba antes a él.