La guerra entre los ángeles había durado cuatro días, que en términos terrenales se podría traducir como varios milenios. Finalmente, los Guardianes de la Luz triunfaron sobre los Rebeldes, y los cabecillas fueron aniquilados. El resto fue expulsado del Reino Celestial y confinado a permanecer en la Oscuridad. Los Guardianes custodiaban la perpetuidad de los Sentimientos Sublimes los cuales servían como armas para ganar almas y entre ellos se encontraba la Piedad; aniquilar a todos los Rebeldes significaba una falta muy grave a ese sentimiento y los Guardianes no se atrevieros a desafiar los designios Divinos y boicotear su propia estrategia. Ese fue su gran error.
En las profundidades, los Rebeldes entraron en contacto con los otros habitantes de la Oscuridad. Angeles y Demonios compartieron el territorio hasta que estalló la guerra por el liderazgo. Azaquiel, que se había salvado de la aniquilación por haber sido discípulo de uno de los Arcángeles, decidió que era hora de establecer un nuevo orden. La gran mayoría de los rebeldes se habían dejado tentar por los demonios y eso había producido una degeneración de razas que culminó con el nacimiento de cientos de hibridos y mutaciones. Algunos de ellos poseían las ventajas de ambos grupos, pero otros eran sencillamente monstruos, mezquinos e incapaces. De esta forma, en el Hades había tres grandes razas: los Rebeldes, que eran ángeles puros; los Demonios, tambien puros y finalmente los Mestizos, nacidos de la unión de unos y otros. El enojo de Azaquiel provenía de sus propia debilidad: había cedido a la tentación de una Oscura, y de esa unión habían nacido dos Mestizos, Azrael y Saurón. Los hermanos parecían tener todas las ventajas de sus progenitores y ninguna de sus desventajas. Azaquiel supo que sus hijos serían una seria competencia para el Armagedon, la guerra previa al Juico Final, y empezó a ver empañados sus sueños de ser el Juez. Hasta ese momento nadie, ni Gabriel el Arcangel, ni Satán el Demonio le había preocupado tanto como sus propios hijos. Para peor, una faceta de los Mestizos habían comenzado algunas revueltas en contra de los Puros, y ya se habían cobrado varias víctimas entre ángeles y demonios. Satán se hizo cargo de la represión y cometió el mismo error de los Guardianes, aunque no impulsado por la piedad, ya que era algo desconocido para él. Se encontró ante un grupo de semi-demonios monstruosos, aborrecibles, cuyo líder era una especie de molusco gigante que depedía un olor nauseabundo y era incapaz de comunicarse de ninguna forma; salvo por la inmensa maldad que emanaba y que estremecía hasta el propio Satán. Lo secundaba Nyarlahotep, una especie de centauro escamado, que interpretaba al líder y traducía a los demás sus intenciones. A menudo se refería a este con nombres diversos, como Cthulhu o Flautista Ciego. Satán supo que no tenía las fuerzas para aniquilar a todo el grupo y decidió apartarlos para que no interfieran más. Los derivó a otro plano, otra dimensión de oscuridad absoluta para que continúen su existencia lejos de campo de batalla. Cuando Azaquiel se enteró de lo sucedido interpretó, por un lado que Satán había cometido el mismo error que los Guardianes, y por otro lado que había saltado su co-liderazgo. En ambas cosas tenía razón. Azaquiel entoncés, empuño las armas de la rebelión, esta vez contra los Demonios. Aprovechó la desventaja que le representarían sus hijos en el futuro y armó la primera embestida con ellos al frente, utilizándolos como carne de cañon. Sin embargo Azrael, consciente de los planes de su padre, armó una contrarevolución y se alzó con la victoria al obtener la cabeza de Azaquiel. Sin embargo, antes de matarlo, quiso saber el porqué de su proceder. Azaquiel le relató acerca de los Guardianes y del Universo. De la Tierra como un campo de batalla y de las almas humanas como municiones. Le contó acerca de la guerra que precedía al Juicio Final, y que el que ganara esa guerra se convertiría en el artífice del nuevo orden. Un nuevo comienzo. Cuando Azaquiel terminó su relato, hizo lo mismo que lo había salvado al final de la rebelión de los ángeles: pidió clemencia. Sin embargo Azrael no era un ángel, no tenía Sentimientos Sublimes y jamás había oído de ellos. Por lo tanto no tuvo absolutamente ningún reparo en matar a su propio padre.
Luego, Azrael partió en busca de nuevas fuerzas. El poder que le confería se hijo de un ángel y un demonio era grande, pero no suficiente como para salir de las profundidades. Pidió consejo a los Primigenios, seres que están más allá del bien y del mal y que no pertenecen a un orden específico. Custodian el correcto transitar del tiempo y solo interfieren en otros asuntos cuando el Oráculo del Tiempo así lo manifiesta. Los Primigenios brindaron información a Azrael a cambio de una de sus facultades: de permanecer bajo la luz de sol terrestre. Azrael aceptó el trato y obtuvo la clave para transitar más allá de las profundidades. Además, fue informado que el Cthulhu había trascendido más allá de su reclusión y que su maldad había penetrado en la dimensión terrestre. El Devorador de las Dimensiones estaba obteniendo almas humanas para su propio beneficio. Con la ayuda de su hermano Saurón, partieron hacia Yogsoggoth donde se encontraba recluido el demonio, y juntos libraron una guerra épica que concluyó con el exterminio de todos los seguidores del Cthulhu y Nyarlahotep. O eso creían. La historia de Yogsoggoth había sido muy larga como para poder borrarla con una simple guerra.
Cuando Azrael regresó, se encontró que el Devorador no había sido aniquilado, como pensaba, sino que de alguna forma se había introducido en su cuerpo. Consultó otra vez a los Primigenios y estos le revelaron que el secreto para librarse del Silbador de las Estrellas, otro de los mil nombres del Cthulhu, se encontraba en la Cuna o Tierra. Pero la paga por esa información fue esta vez diferente: la necesidad de alimentarse de sangre humana. De esta forma, al beber la sangre no podía obtener el alma y sus recursos se vería seriamente mermados. Y por otro lado, Saurón ya se había consolidado como un líder nato y había emprendido su propia cruzada para llegar fuerte el Armagedon. Y todo indicaba que lo conseguiría.
La noche que Azrael subió por primera vez a la Tierra, se produjeron varios cataclismos en diferentes partes del planeta. Claro que él no lo notó. El demonio en su interior comenzó a aullar pidiendo comida y, como le habían advertido los Primigenios, debía satisfacerlo con almas humanas o sino él tomaría el control de su cuerpo. Azrael cazó dos veces esa noche: el alma de una campesina que se rindió fácilmente a su porte y la sangre de un labrador que volvía de la siembra. A la campesina la sedujo hasta hacerla arrastrar por el duro suelo de un establo, pidiendo a gritos que le hiciera conocer los sentimientos más bajos. Azrael le ofreció conocer el placer extremo a cambio de su alma, y la muchacha en pleno frenesí aceptó. Al labrador simplemente lo atacó por la espalda y bebió hasta la última gota de su sangre. Luego tiró su cuerpo a los cerdos, que dieron cuenta de él rapidamente.
Corría el año 1600 para los humanos, faltaba mucho para el Armagedon y Azrael se prometió reunir las fuerzas suficientes antes de la guerra. Pero todavía había mucho que aprender y la Cuna era un lugar excelente para eso. Pero antes, había que hacerse un lugar en este mundo. Necesitaba moverse con herramientas humanas para aprender más de ellos.
El Cthulhu apagó sus quejidos después que Azrael se ocultara del sol. Ya se había alimentado del alma de la campesina y no molestaría por un tiempo. Azrael pensó en su proxima víctima y en la necesidad de hacerse de un lugar para vivir. Resumió las dos cuestiones en una. La próxima noche haría una visita al Castillo. Seguramente había algo por lo cual el Rey quisiera cambiar su alma.
Y Azrael estaba dispuesto a conseguirselo.