El Universo se consumía, y toda la energía contenida en él se iba perdiendo en ese agujero negro generado por la conjunción de los Sentimientos Bajos y los Sentimientos Sublimes. Toda la maldad, la mezquindad, la estupidez del Silbador mezcladas con la bondad, la nobleza, la pureza del corazón de Ismael habían hecho colapsar la línea espacio temporal, y la entropía había aumentado al máximo. El fin de los tiempos estaba próximo, mucho antes de lo esperado y la batalla debía producirse.
En el Imperio Celeste, Gabriel el Arcángel reunía las tropas que resistirían el asedio de las fuerzas del mal. Desde todos los confines del Universo ángeles y querubines acudían presurosos al llamado de Gabriel. Los guardianes recibieron órdenes de abandonar a sus protegidos humanos a su suerte. La Tierra, Cuna de la Humanidad, estaba pérdida a manos de los demonios. Ahora había que preocuparse por defender el Cielo.
Los amos de todas las esferas del Infierno se habían concentrado en una larga mesa en torno a Leviatán. El rey del Averno estaba sumido en la más profunda oscuridad, y eso no era un buen síntoma. Nadie se atrevía a hablar en un momento tan delicado, y a sabiendas que a Satán no le gustaba ser interrumpido en sus meditaciones. Finalmente, Ramahat, amo de la séptima esfera se decidió por romper el silencio.
- La situación no es buena, señor. El Armagedón se adelantó y nos tomó desprevenidos. Los soldados no están listos y el último Spawn desertó llevándose a las almas que había enlistado. Esto mermó muchísimo nuestras previsiones y las reservas son escasas. No podremos enfrentar la Gran Batalla con muchas posibilidades de éxito.
La oscuridad que envolvía a Satán se hizo más densa y se fue expandiendo sobre la mesa, llegando casi hasta las narices de Ramahat, quien se revolvió nervioso en su asiento. La voz sepulcral que la acompañaba no era menos oscura.
- Saurón, sí... lo recuerdo. Nacido de Azaquiel y Pretora aquí mismo, en el Averno. También recuerdo que tú, Ramahat lo nombraste Spawn, decisión que compartí totalmente. Tenía el fuego puro en su interior, y una mezcla de audacia y valentía que lo hicieron el general más importante que hemos tenido. También era un líder nato, y por eso no siguió los pasos de su hermano... no quería ser su sombra. Azrael era un artista, un sádico genial, pero Saurón... Saurón era otra cosa. Si, Ramahat, Saurón era el perfecto Spawn, el General del Infierno, el que lideraría el ataque contra las puertas del Cielo. Y sin embargo, ahora está llevando a cabo su propia cruzada, y sus acciones sólo buscan venganza.
Leviatán volvió a sumirse en sus meditaciones, la oscuridad sobre la mesa se replegó hacia él. Ramahat sintió que debía manifestar su postura, pero esperó alguna señal de Satán para hacerlo. Al no obtenerla, Ramahat expuso sus planes:
- Señor, las tropas atacarán inmediatamente. No nos detendremos en la Tierra, sino que atacaremos directamente las puertas del cielo. Spawn y Azrael estarán entretenidos en sus propios juegos, y sus soldados han partido para reunirse con ellos. Debemos actuar rápido para evitar intromisiones. Tanto Saurón como Azrael pueden representar un serio riesgo de fracaso, en caso que se presenten durante la batalla.
Tyros, amo de la Cuarta Esfera, interrumpió con un gesto:
- No, Ramahat, no podemos atacar inmediatamente. Como los has señalado, el Armagedón nos toma por sorpresa. La acción de Spawn ha precipitado los hechos, y la provisión de armas no está lista. No podemos atacar sin los elementos necesarios, y para conseguirlo necesitamos tiempo. Y como bien sabes, el Tiempo es uno de los pocos factores que permanece independientes a las fuerzas del Cielo y el Infierno. No podemos detenerlo, y tampoco podemos hacerlo retroceder.
- Silencio, novato – vociferó Ramahat – Desde que tu padre pereció a manos de Azrael has intentado tomar su lugar, sin resultados. Asterion fue un líder nato, que se encargó con excelentes resultados de la fragua del Infierno, pero tú... tú no estás a su nivel. Asterion hubiera previsto que la pelea entre Spawn y Azrael hubieran degenerado en algo como esto, y ahora no estaríamos pasando por esta situación. Pero seamos conscientes: Asterion esta muerto y tú, Tyros estás a cargo. Necesitamos respuestas y las necesitamos ahora.
Tyros iba a replicar, pero la densa oscuridad procedente de la cabecera de la mesa lo envolvió. Nadie pudo ver lo que le sucedía, pero en cambio se escucharon claramente sus gritos desgarradores. Cuando la oscuridad se disipó, en el lugar que había ocupado Tyros solo quedaba... nada. La voz lúgubre de Leviatán se dejo oír otra vez:
Estamos en una situación delicada y no vamos a tolerar estupideces. Ustedes son mis generales, los amos del Infierno y se están comportando como niños. Quiero respuestas y las quiero ahora.
Todos permanecieron mudos, conscientes que cualquier movimiento, cualquier palabra podía ser fatal. Los sonidos proferidos por Tyros agonizante todavía flotaban en el ambiente. De repente, se oyó un chasquido, y luego un golpe. La puerta del recinto voló hecha astillas, y una figura se recortó en el umbral. Todas las cabezas se volvieron hacia él con una exclamación de asombro. El desconocido avanzó lentamente hasta posicionarse en la otra punta de la mesa. Su rostro estaba parcialmente cubierto por un vendaje raído, que sólo permitía ver los ojos. Su torso desnudo estaba cubierto por cicatrices y cortadas. Pero lo más impresionante de su fisonomía, era su ancha espalda, de la que emergían dos despojos de lo que en algún momento pudieron ser alas. Cuando habló, su voz era clara y luminosa, pero cargada de ironía y desprecio:
- Salud, amos de la Oscuridad. Veo que están reunidos en este convite, discutiendo los pormenores del inminente ataque que vais a perpetrar contra las puertas del Cielo, verdad? Disculpen mi franqueza, pero debo decir que seres tan estúpidos como ustedes jamás podrán penetrar en el Reino Celestial. A menos, por supuesto, que cambien de estrategia. Y para eso estoy yo aquí.
Los presentes se revolvieron en sus asientos, indignados por la intromisión y las palabras hirientes del intruso. Lamhur, amo de la segunda esfera, famoso por su fuerza brutal, comparable sólo con las criaturas con las que compartía su dominio, se levantó en forma violenta y se lanzó contra el recién llegado. Este esperó el embate de la mole demoníaca, hasta que lo tuvo encima, entonces giró rápidamente sobre sus talones, haciendo gala de una muestra considerable de agilidad, y pasó por debajo de los enormes brazos de Lamhur. Cuando estuvo a sus espaldas, le asestó una violenta patada en la base del espinazo, que provocó la caída del gigante. Acto seguido, sacó de los pliegues de su pantalón un gigantesco kriss, o sable curvo, y lo descargó sobre la nuca expuesta de Lamhur. El filo del kriss no llegó a tocar la piel de Lamhur, sino que chocó contra la densa oscuridad que se había deslizado hacia allí. Finalmente Satán había decidido intervenir.
- Muy interesante, intruso. Pero como sabrá comprender no puedo permitir que asesine a uno de mis elementos más importantes. Ahora, si es tan amable, tenga a bien explicarnos quien es y que demonios hace aquí.
El desconocido guardó el kriss en los pliegues de su pantalón, y ayudó a Lamhur a levantarse. Este lo hizo con un gruñido y volvió lentamente a ocupar su asiento en la mesa. El intruso comenzó explicar:
- Mi nombre es Raziel, y como habrán adivinado, soy uno de los Ángeles Guardianes. O mejor dicho, lo era. Combatí al lado de Azrael y Saurón en la batalla de Yogsoggoth, y me gané su admiración y respeto; pero también logré la envidia y el rencor de mis camaradas, los Guardianes.
- Un momento, interrumpió Ramahat. No hubo ángeles en la batalla de Yogsoggoth, no había razón para que participaran. Fue una batalla entre demonios, las fuerzas de la luz no tenían anda que hacer allí. Me parece, intruso, que tu relato ronda los terrenos de la fantasía y no toleramos a los mentirosos aquí.
Raziel le dedicó una mirada furiosa, y replicó:
- Ramahat, vuelves a llamarme mentiroso y ni siquiera Leviatán y su oscuridad será más rápido que mi kriss al liberarte de la carga de tu estúpido cerebro.
La oscuridad entorno a Satán destelló fugazmente. No le gustaba que pusieran en duda su poder. Sin embargo, dejó pasar la falta de Raziel y le permitió continuar. Raziel retomó su relato:
- Claro que no hubo ángeles en Yogsoggoth, porque habría de haberlos? Pero mi caso era distinto. Yo participé como espía, para poder observar a los hermanos en acción y así informar a qué nos enfrentábamos. A diferencia de ustedes, nosotros vimos antes su potencial, y nos preparamos para ello. Pero como simple observador, no podía lograr mucho, y tampoco pasar desapercibido por mis alas. Allí fue como Cassiel, mi maestro y mentor, me propuso cercenarme las alas, para poder cumplir mi objetivo. Al principio me negué, pero tanto insistió que accedí. Idiota de mí, debería haber intuido que la luz que envolvía a Cassiel no lograba disfrazar la oscuridad de su corazón. Sin mis preciosas alas, participé de la batalla de Yogsoggoth y un montón de información útil sobre Saurón y Azrael. Cuando volví, me recibieron como un héroe. Cassiel hizo preparar un banquete en mi honor.. Conté todo lo que sabía, entre las glorias y el vino; y cuando terminé Cassiel hizo llamar a dos Guardianes para que me expulsaran. En vano grité y amenacé. Los Guardianes no entendieron razones y las explicaciones que les dio Cassiel fueron por demás convincentes. Un ángel sin alas, con el cuerpo cubierto de heridas y semi-borracho no podía ofrecer mucha competencia para un elegido como Cassiel. Me precipitaron a Tierra, y allí permanezco desde entonces, luchando contra demonios y escapando de Saurón, o Spawn como lo llaman ustedes, que en su última cruzada no se contentó con almas mortales, sino que comenzó a cazar ángeles. Ismael fue una de sus víctimas. Pero, lo cierto es que no le conté todo a Cassiel, y mis conocimientos originales fueron aumentando con el tiempo. Observé a Azrael y lo vi fusionarse, primero con el Cthulhu y luego con el mortal. Lo vi metamorfosearse hasta llegar a ser un vampiro, un asesino nocturno. Sé de su excursión a los Infiernos y de los destrozos que produjo por aquí. Se de su espada, un arma mortal. Y sé de quién la obtuvo. También sé de Saurón, y su enrolamiento como Spawn. Sé de las almas que reclutó, sé de su rebeldía y conozco los motivos de la misma. Se de sus armas, esas imponentes cadenas. Y lo que es mejor, sé que lo une y que lo diferencia de Azrael. Y sé como explotar eso que sé. Y ahora si me permiten, señores, este es mi plan.
Spawn mantenía firme su presión sobre su hermano. Azrael su debatía, queriendo zafarse. El agujero si iba haciendo cada vez más grande, y toda la materia era absorbida a su interior. El Chulhu yacía a un costado, convertido en cenizas. Y alrededor de ese escenario apocalíptico, las soldados reclutados por ambos hermanos comenzaron a hacerse presentes. El Armagedón había comenzado, era tiempo de luchar.
Sin embargo, ni los soldados de Spawn ni los de Azrael se atrevieron a intervenir. La lucha era privada, y aunque no eran conscientes de ello (su instinto de zombies no les permitía tanto) algo les decía que no debían inmiscuirse. Así que permanecieron alrededor, los millares de soldados de Spawn y los pocos cientos de Azrael, viendo como Saurón estaba a punto de provocar la desmaterialización de su hermano, al someterlo a los efectos del agujero negro.
Spawn susurraba en la mente de Azrael, sus palabras eran dagas que se clavaban en su mente.
No intentes zafarte, hermano. Soy más fuerte que tu y lo sabes. Ambos lo sabemos. Estás furioso porque no sabes contemplar la belleza de este momento. Relájate y deja que los hechos sucedan. Pronto no existirás, y probablemente yo tampoco. El universo se consumirá y la entropía alcanzará el máximo. Sólo quedará una llama agonizante de luz, que se apagará pronto. Y la nada será la dueña absoluta de todo lo que alguna vez conocimos y de lo que nunca conoceremos. Y todo gracias a una combinación que hasta el demonio más torpe podría haber hecho, pero a nadie se le ocurrió. Dime francamente: ¿No soy un genio?
Un loco desquiciado, eso es lo que eres – Azrael había dejado de luchar, y jadeaba nervioso – cuando todo lo que dices se produzca no quedará nada, y tú tampoco. ¿Que ganarás con eso? No veo la victoria en tus actos. En todo caso, todos habremos perdido.
¿Qué te pasa, hermano? ¿Tanto tiempo de permanecer entre mortales te nubló la razón? Claro que obtengo la victoria. Pero mi victoria es diferente a la que tu imaginas. ¿Cuál es el objetivo del Armagedon? Llegar a ser el juez. ¿Y que tiene de glorioso ser el Juez? Poder decidir sobre las almas de los mortales y recrear el Universo conforme a los propios designios. Pues yo cambio las reglas de juego, yo propongo que no haya más jueces ni más juicios. Y los mato a todos, ahora mismo. Como dijo el filósofo que cayó en tus manos, un mortal llamado Nietzsche. El dijo “Dios ha muerto”. Muy bien, entonces Saurón lo mató. Y mi gloria no será conocida en el futuro, porque no habrá nada ni nadie para difundirla, sino que...
Spawn no pudo terminar la frase. Un chasquido como un latigazo le azotó la espalda, y cayó al piso con el torso partido desde el hombro hasta la cintura. Azrael, ya libre, se tomó un instante para mirar al desconocido que lo había salvado de las garras de su hermano. Lo reconoció inmediatamente, pero no había tiempo para agradecimientos. En la ausencia del Campo AT, el necroplasma de Spawn había comenzado a funcionar, y pronto sus tejidos se verían regenerados. Blandió la enorme espada sobre su cabeza y se dispuso a finalizar el trabajo que Raziel había comenzado. Pero cuando estaba por descargarla, el kriss de Raziel se interpuso.
No te ayudé para que lo mataras. Necesito que me escuchen y creo que antes de seguir con esta estúpida pelea filial pueden hacer una tregua para oir lo que tengo para decirles.
Azrael bajó la espada, pero no la envainó. Había combatido al lado de Raziel, y había llegado a descubrir su condición de Guardián. Pero sus consejos eran invalorables, y su valentía en combate sólo era comparable con la suya y la de Saurón. Si la noción de amistad hubiera existido en su ser, seguramente hubiera considerado a Raziel un amigo. Pero había otra causa más poderosa que lo hacía detenerse. Después de la fusión con Kriminal, el alma del mortal podía detectar cuando algo no andaba bien, o cuando las cosas no eran lo que parecían. Presentimiento, lo llamaban. Pues bien, los presentimientos de Kriminal habían funcionado de maravilla hasta ese momento, y ahora sentía que debía escuchar a Raziel.
Spawn ya estaba en pie. Pensó por un momento lanzarse sobre Raziel, pero también conocía su destreza, y sabía que aunque lograra atraparlo, Azrael caería sobre él. Y no podría luchar contra los dos. Por otra parte, el Universo continuaba su inexorable camino hacia la vacuidad, y ninguno de ellos podía hacer absolutamente nada para impedirlo.
- Como si leyera sus pensamientos, Raziel extrajo una piedra negra y un cristal luminoso de los pliegues de su túnica y los expuso ante los ojos de Spawn.
- Si no te molesta... no podemos darnos el lujo de perder el Universo. Estos son los corazones de Ramahat y Cassiel. Ángel y Demonio puros. Bastarán para detener el daño que has hecho.
- No te atrevas... comenzó a decir Spawn, pero Raziel ya los había lanzado dentro del agujero. La realidad pareció desdoblarse, el cielo de rojo pasó a violeta y luego azul, y todo volvió a ser lo que era. O casi. La entropía había dejado de galopar para seguir con su lento andar.
- Eres un idiota, morirás por esto. Spawn desplegó sus cadenas para envolver a Raziel, pero este se movió rápidamente. Saurón se encontró envolviendo a la nada, pero una de las cadenas pasó silbando a milímetros del rostro de Azrael.
- Si vuelves a hacer eso, hermano, te juro que vas a tener que juntar eslabón por eslabón, porque pienso deshacerme de tus molestas cadenas.
- Eres una niña, Azrael, te preocupas demasiado por tu apariencia.
- Eso hace que cuando me presento ante alguien no salga huyendo.
- Basta los dos – impuso Raziel. Necesito que me escuchen, porque tengo un plan para que ambos logren sus objetivos sin que se interpongan entre sí.
- ¿Ah si? Para tu información, sabelotodo, mi plan estaba casi concluido cuando apareciste a mis espaldas. Y recuérdame que cuando termines tu discurso te devuelva el golpe, veremos que tan valiente eres en mitades.
Tu plan era una idiotez. Llevar la entropía al máximo, que proeza. Cualquier demonio menor sin aspiraciones podría haberlo intentado, pero no habría llegado tan lejos. Pero nadie se esperaba que el gran Saurón llevara a cabo una empresa tan inútil. Para tu información, la nada no es la solución a tus problemas.
Saurón gruñó a modo de respuesta. No le gustaban los consejos, y menos de un ángel venido a menos. Se preguntó de dónde habría sacado los corazones, no tanto el de Ramahat, pues el mismo Azrael había penetrado en los infiernos y matado al poderoso Asterion; pero el corazón de Cassiel... ese había sido un golpe maestro. Cassiel nunca bajaba a la Tierra, por lo tanto Raziel tuvo que haber subido a los Cielos. Pero Raziel tenía vedada la entrada, así que la cuestión quedaba sin resolverse. Pensó preguntarle sin preámbulos, pero recordó que Azrael muchas veces utilizaba la táctica de seguirle la corriente a sus víctimas para que acabaran justo donde las quería, y parecía que en ese momento estaba haciendo exactamente eso. Pensándolo bien, no era mala idea. Raziel parecía saber cosas que él desconocía, y Azrael tenía la capacidad de sacárselas. El lo hubiera torturado, pero bien sabía que no obtendría mucho, o por lo menos, no lo obtendría a tiempo. Por el momento dejaría que Azrael se ocupara. Luego él podía ocuparse de Raziel... y ya buscaría la forma de rehacer su plan.
Señores – continuó Raziel – el Armagedón ya ha comenzado y no es posible detenerlo. Los demonios arremeterán contra las puertas del Cielo, los Guardianes se defenderán y quién se alce con la victoria podrá acceder al Juicio Final. Las almas de los mortales actuarán como soldados de esta guerra, y los demonios menores son recursos utilizados por cualquier bando. Elfos y gnomos no tienen una postura definida: algunos servirán al Bien y otros al Mal; pero ninguno de ellos tiene un destino de trascendencia. Los Primigenios se mantendrán imparciales, y ninguna de las dos fuerzas les pedirá consejo. Son los amos absolutos, los Jueces, y los que enunciaron las profecías al principio de los tiempos. Además, es sabido que el Oráculo de Los Primigenios no da algo a cambio de nada, y no es un buen momento para prestarse a sus juegos. Después del Juicio, Los Primigenios reconstruirán su reinado o serán destruidos, depende de quien gane. De todas formas no es algo que les preocupe. La conciencia de ellos es arbitrariamente opuesta a cualquier otra, y la trascendencia no está en sus prioridades. La cuestión entonces es: ¿dónde caemos nosotros? Ustedes son mestizos, parte ángeles y parte demonio. En ninguno de los dos bandos serían aceptados, salvo como fuerza de choque, pero jamás para participar en el Juicio. Yo estoy en las mismas condiciones, porque al ser expulsado no puedo luchar con mis camaradas, y los amos del Infierno me despedazarán apenas vislumbren la victoria.
¿Y cuál es el plan? – preguntó Saurón que se estaba cansando de tanto discurso
Cambiar las reglas de juego, cambiar las profecías, hacer que cada bando actúe en forma inesperada y no según Los Primigenios desean.
No entiendo – interrumpió Azrael, pero entendía – dices que Los Primigenios son los Jueces... Yo creí que los Celestiales lo eran. Si no, ¿porqué las reglas de esta mundo están basadas en los Sentimientos Sublimes?
Los Primigenios así lo quisieron – explicó Raziel – sumergir al nuevo universo en la Oscuridad equivalía a una existencia exigua, intrascendente. El caos se apoderaría del todo, y el Armagedón se precipitaría. Los Primigenios separaron las fuerzas y el universo se mantuvo en equilibrio. El Bien y el Mal no les preocupan en absoluto, pero el Bien es más equilibrado. Y esa fue su fórmula.
Entonces – agregó Azrael – Los Primigenios enunciaron las profecías para que todo siguiera una trama preestablecida. El Bien y el Mal se encontrarían en la Batalla Final. El ganador sería el Juez. Pero eso no sucederá nunca, o me equivoco?
No, no te equivocas. El Juez no tendría las armas para revertir el curso de la entropía y se quedaría con un universo acabado, vacío. Los Primigenios son los únicos que pueden dar inicio a un nuevo Universo, como lo vienen haciendo hace eones. Y el flamante Juez tendría que claudicar para trascender.
Es todo una farsa – sentenció Azrael
La farsa más grande que existió y existirá – reconoció Raziel
¿Y porqué todo este juego del Armagedón y eso?
Porque es necesario un equilibrio, mutante estúpido – gritó Azrael - ¿No escuchaste lo que dijo? Las fuerzas del Bien y el Mal son necesarias para equilibrar el universo y darle fuerza, pero en algún momento desbordan y se produce el Armagedón. Y para eso existen las profecías, para que nadie se salga de libreto.
Muy bien, muy bien – finalizó Saurón - Muy linda la clase de historia, pero ahora vamos al grano. ¿Cuál es el plan?
Ya lo dije – exclamó Raziel – hacer que las profecías no se cumplan.
¿Y que ganamos con eso? – preguntó Azrael
Que los Primigenios salgan de su refugio a ver porqué nada funciona como debiera, y así poder apoderarnos de la fórmula para reconstruir el universo, o tal vez – miró a Spawn – destruirlo para siempre.
Eso me gusta – se animó Saurón – pero como planeas alterar las profecías.
Haciendo que los demonios no ataquen el Cielo, y por el contrario, que los ángeles bajen a los Infiernos.
¿Y como diablos piensas hacer eso?¿Cómo harás para que Leviatán no respete su naturaleza y arremeta contra el Paraíso? ¿Cómo harás para que espere como un cordero asustado que Gabriel y los Guardianes bajen a exterminarlos en sus cuevas? Dime Raziel ¿Cómo harás eso?
Raziel lo miró con un dejo de condescendencia:
“Eso”, mi querido Spawn, ya lo hice...
Raziel tardó varias horas en explicarles el plan completo, pero cuando terminó los hermanos perecían convencidos de la parte que les tocaba. Raziel agradeció en silencio, a vaya a saber que dios desconocido: no había pensado que iba a ser tan fácil. Sin embargo, antes de separarse Azrael le preguntó, casi de casualidad:
Y dime, Raziel... ¿cómo es que te enteraste de tantas cosas, y tan importantes?
Raziel tembló, pero ya tenía la respuesta preparada:
Eso, Azrael, es mi salvoconducto para que no me mates antes del final.
Azrael sonrió a medias, y se encaminó hacia fuera del callejón. Las almas todavía estaban allí reunidas, quietas, como robots inactivos esperando que se les dé la orden para comenzar a funcionar. Pasó por al lado de Spawn sin mirarlo siquiera, y en un momento la silueta de ambos se recortó en el fondo de la pared semiderruida de la calleja. La figura de ambos era imponente: uno con su capa flameando a la ventisca nocturna y las cadenas vivas, llameantes, constituía el arquetipo del guerrero brutal. La fuerza parecía emanarle de los poros, y el traje de necroplasma le daba un reflejo infernal. El otro, en cambio, llevaba oculta su fiereza. Su andar ágil y su figura esbelta contrastaban con la presencia dura y enorme de su hermano, pero los que lo conocían sabían que su disfraz ocultaba una fuerza impresionante y una agilidad sin igual. Además, la espada de Asterion era un arma mortífera en sus manos, al igual que las cadenas en Spawn. Si ambos hubieran unido fuerzas, hubieran podido fácilmente contra un ejército completo. Pero sus caminos eran distintos y eso parecía irremediable.
Spawn vio a Azrael volverle la espalda, pero no se atrevió a atacarlo. Ahora tenían un plan, y parecía más importante que sus escaramuzas. Ya tendrían tiempo para ajustar cuentas. Lo que siguió fue tan rápido que si Spawn hubiera tenido párpados, podría haber sucedido en el intervalo de un pestañeo. Azrael giró rápidamente, y su mano un momento antes desnuda ahora empuñaba la espada. Con una rápida estocada, y antes que Spawn tuviera tiempo para reaccionar, le cruzó la cara, desde la boca comisura de la boca hasta el lugar donde se encontraría la ceja, mientras sentía su voz resonar en la mente – Eso por las cadenas, hermano. El tajo fue mortífero, y cuando Spawn dio un paso para atacar, Azrael ya había desaparecido... como un buen vampiro. Spawn se pasó la mano por la herida, el traje de necroplasma ya había comenzado su tarea de reparación, pero él la detuvo. Exhibiría orgulloso la herida, con un doble objetivo: recordar que nunca más debía descuidarse con Azrael e infundir terror a sus enemigos que, como pintaban las cosas, no serían pocos.
Los grandes portales dorados se abrieron silenciosamente. En el interior, miles de túnicas blancas se alineaban ordenadamente, sus propietarios observaban al visitante con rudeza. En todo ese albor blanco y dorado, la vestimenta negra de Azrael contrastaba en forma casi obscena.
- Jamás me imaginé que iba a entrar al Cielo por la puerta grande – pensó Azrael divertido.
Dos Guardianes lo esperaban para escoltarlo, y con un gesto le indicaron el camino. Sin dirigirse la palabra, los tres caminaron delante de las tropas y se dirigieron a la construcción de mármol blanco que se alzaba a la izquierda. Otros dos Guardianes cuidaban la entrada al recinto, y cuando penetraron en el interior, ellos fueron detrás.
Un gran altar se erigía en medio de la habitación, y detrás de el, Gabriel los observaba en silencio. El largo cabello dorado del Arcángel descansaba sobre los macizos hombros, y sus ojos azules parecían no perder detalle. Pese a su postura tranquila y despreocupada, su semblante un dejo de nerviosismo. Y no era para menos: las tropas estaban preparadas para el ataque de los demonios desde hacía meses, y este no se producía. Las profecías eran claras en ese punto, y sin embargo los hechos no se sucedían. Gabriel temía que algo nefasto pasara, algo inimaginable; y por eso había hecho traer a Azrael, de quién esperaba encontrar la respuesta.
Azrael, no olvides que estás en terreno vedado para tu raza. Se te permitió la entrada a causa del alma mortal que llevas, pero eso no te permite permanecer aquí más tiempo del necesario.
- ¿Dónde está tu hospitalidad, Gabriel? Acabo de llegar y ya me está echando
Gabriel dejó pasar el comentario mordaz. Lo que tenía que decirle era más importante. Además, que podía esperar de un demonio.
- Azrael, aunque parezca ilógico necesitamos tu ayuda. Desde que sonaron las campanas del Armagedón nuestros Guardianes se refugiaron aquí dispuestos a resistir el asedio, y la Tierra dejó de ser importante para nosotros. Pero el ataque no ha llegado aún, y eso nos preocupa. Por otra parte, hace ya un tiempo que no percibo el aura de nuestro consejero Cassiel, y ese es otro tema de preocupación. Cassiel estaba empeñado en salvar un alma que, según él sería un elemento invalorable de nuestra resistencia, precisamente porque no serviría a la legión de los infiernos. Aunque estaba expresamente prohibido baja a la Tierra, él lo hizo sólo y sin protección, y más allá de su imprudencia tememos por su suerte. ¿Puedes decirme algo acerca de eso?
Azrael pareció pensarlo un poco. Al fin dijo:
- Puedo contestarte ambas cuestiones, aunque no se si debo. ¿Qué obtendré a cambio?¿El Paraíso? Bien sabes que tu paraíso es un castillo de naipes en estos momentos.
- Muy bien, Azrael. Puedes pedir cualquier cosa que te podamos dar fuera de los ámbitos celestiales. ¿Estás conforme?
- Si, es una buena oferta.
- Muy bien, entonces dime: ¿Qué le sucedió a Cassiel?
- Fue eliminado por mi hermano, cazado como una mosca, sus cadenas rodearon su blanquecina existencia y le desgarraron el alma con alaridos de terror que harían estremecer al mismísimo Leviatán.
- Es una monstruosidad lo que me cuentas, Azrael. Pero más monstruosa es tu frialdad. Ahora dime, ¿qué se proponen los demonios?¿porqué no atacan?
- Leviatán está convencido que no tiene posibilidades de salir victorioso del asedio. Tuvo muchas bajas importantes por luchas internas. No atacará.
- ¡Pero eso va en contra de las profecías! No podemos permitirlo. ¿Quién sabe que cataclismo universal pueda producirse?
- Si el no ataca, háganlo ustedes. Después de todo el escenario no importa, sino que se produzca la batalla.
- ¿Pero que dices? Ninguno de nosotros sería capaz de descender a los infiernos a combatir. No tenemos experiencia en eso. Sería desastroso.
- Azrael se encogió de hombros. Esperaba esa respuesta y estaba preparado, pero había que fingir indiferencia.
- Muy bien, ya has cumplido tu parte y lo que hagamos deja de ser tu problema. Ahora dejame cumplir mi parte:¿qué es lo que quieres? Pero recuerda: cualquier cosa fuera del Paraíso.
Azrael sonrió para sus adentros. Había sido muy fácil. Gabriel estaba obligado a cumplir su palabra, pues los Sentimientos Sublimes regían su existencia. Así que, esbozando una sonrisa de triunfo, dijo:
- Gabriel, quiero el mando de las Tropas Celestiales para atacar inmediatamente a los Infiernos.
Los gritos se dejaban oír a través de las esferas, cada vez más cercanos. Parecía que el terror personificado venía en pos de él. Sin embargo, Leviatán estaba tranquilo. Cuando lo vio entrar, la oscuridad que lo rodeaba pareció disiparse, como si su existencia desalmada tuviera el don de alegrarse.
- Ramahat ha desaparecido – fue lo primero que le dijo al recién llegado, a modo de saludo - No sabemos nada de él, así que lo consideramos muerto.
- Está muerto, efectivamente. Yo mismo vi a Azrael partirlo en mitades con la espada de Asterion. Y el muy cretino sonreía mientras lo hacía. Pero, ¿que hacía Ramahat fuera de su esfera?
- Tuvimos una reunión aquí, y se presentó un ángel desterrado llamado Raziel. El nos expuso un plan, producto del cuál no hemos acatado las profecías, y nos mantenemos a cubierto. Pero Ramahat desconfió de él, y salió en su busca. ¿Así que fue Azrael, eh? Qué desagradecido, eliminar a uno de sus maestros.
Spawn sonrió para sus adentros. Se habían tragado la historia. No imaginaban que Raziel mató a Ramahat en su propia esfera y salió tranquilamente con su corazón en la túnica.
- No olvides que Azrael mató a nuestro padre, y que ahora tiene un alma mortal. No te sorprendas que haya cambiado de bando.
- Pero tú no lo has hecho, ¿verdad, Saurón?
- No, Leviatán. Estoy aquí para recuperar lo que alguna vez fui y que nunca debí abandonar. Quiero que me restituyan el cargo de General.
- Por supuesto, Spawn. Lo que quieras.
El General Spawn volvió a sonreír para sus adentros, y por un momento la oscuridad fue completa.